Para la poesía, no existen los esfuerzos y, menos que menos, los esfuerzos mecánicos y, por otra parte, es absolutamente imposible evadirse de ella o bien sustituirla por monótonos frutos espirituales. Ella no teme a lo desconocido, ni a lo inaudito.
Voy a cumplir sesenta y cinco años y me siento joven, absolutamente, un principiante en casi todo. Ayer, por ejemplo, fui impotente y hoy no pude concluir un poema.