Las mujeres, casi todas, lo dicen: Hay personas que envían ondas y hay personas que no envían nada. Las dos son personas, pero ellas siempre se acuerdan de las que envían ondas. Y el estado contrata a las que no envían nada.
Un hombre solitario no es un hombre. Pero un hombre que construye semejante soledad, semejante fortaleza de palabras unas contra otras, no es un hombre solitario.