martes 20 de octubre de 2009

El 15 de octubre se cumplieron 34 años del Segundo Manifiesto del Grupo Cero

15 de octubre de 1975, Buenos Aires

SEGUNDO MANIFIESTO DEL GRUPO CERO

Escribo, escribo todo el día para saciar mi sed. Debo de pertenecer a esa clase de bebedores insaciables. Los de mi estirpe deben ser considerados seguramente como hombres que viven fuera de la ley. No somos lo que se dice apasionados, somos los que calculamos el destino, tenemos planes acerca del mal que nos corroe, queremos que él sea nuestra manera de vivir.
No queremos abolir la justicia, queremos agregarle a la justicia la capacidad de detectar las diferencias.
El hombre siempre es una encrucijada que se resuelve con un asesinato; la justicia debe saberlo.
La precisión de un acto (aunque en sí mismo sea un acto salvaje) debe tener siempre el perdón de la justicia, si es un acto perfecto no volverá a repetirse.
Las imprecisiones habrá que castigarlas severamente; ellas anuncian la repetición inútil y ciega de una realidad infantil sin sentido social.
¿O mi ser no es acaso esa diabólica combinación de nuestros destinos?
Y el que no cree por que no sabe o por que nunca le tocará creer, que haga pruebas, que se desgaste hasta el final, que se vaya, que cierre de un golpe la puerta de nuestra casa, que vuelva malherido, que muera de espanto en un callejón sin salida, que comunique sin ningún cuidado las claves secretas de nuestro poder, que comente entre putas y rancios olores de semen fermentado, nuestros combates como si fueran frescas historias de amor.
Nosotros sabemos que volverá. Nadie olvida lo que no se puede olvidar. Somos especialistas en altas cumbres, nuestro oficio es mostrar lo innombrable.
En el principio éramos costureras del alma, remendones del piso de la vida, reanimábamos, dábamos calor y esperanzas. A cuanta inmundicia encontrábamos en el camino ofrecíamos nuestra comida y nuestra casa, teníamos para cada uno las palabras de sus mediodías y las palabras de su noche. Nuestro oficio, en definitiva, era lavarle los oídos a los sordos. La cantidad exagerada de fieles probaba que nosotros éramos unos imbéciles. La cantidad exagerada de enemigos probaba que las pasiones no sirven para nada.
Pero ya era tarde, la carne habría de estallar cuando ya nadie esperaba su estallido. La sorpresa hizo imposible toda defensa. Y conocimos el chiquero y nos dimos cuenta que entre nosotros vivían los miserables.
Los que se comen siempre el pan que no les corresponde.
Los que nunca están dispuestos a hornear el pan que comemos. Los que se aburren por las cosas chicas y por las cosas grandes, digo: los que se aburren en general son los traidores.
Nosotros sabíamos desde el principio que la carne hablaría. Y la carne habló. En voz baja; solo unos pocos escuchamos, y dijo de la muerte y habló de que la piel se resquebraja con el tiempo, que nuestro sistema muscular estimulado constantemente (y no sujeto el estímulo a ninguna LEY) termina por agotarse. Su sentido se pierde en su fatiga.
Ella dijo que todo podía ser gozo, pero que la violencia acercaba a la muerte.
Cuando dijo de la muerte de nuestros padres, dijo la verdad.
Amo mi carne por que en ella se encuentran los secretos de los secretos.
Porque aprendí a amar mi carne en medio del chiquero, digo que desde hoy el misterio de la cifra exacta de mi ser, sólo será para quien comprenda su verdadera dimensión.
A los deportistas les aconsejo apartarse de mi camino, soy para ellos una luz mala.
Impiedad para quienes festejan todas las ocurrencias.
Impiedad para los que repiten el gesto amado en lugar de amarlo.
Impiedad para el que siempre diga que no; es un extranjero.
Impiedad, pura impiedad, para quien confunda nuestra carne con los ensangrentados bofes, que resucitarán, se cree, con la fornicación.
Impiedad, perfecta impiedad, para quien huyendo de nosotros tropieza con nosotros.
Y su voz se perdía entre el chapoteo de nuestros excrementos.
Y la carne dijo antes de morir:
El goce será el encuentro con lo que no soy ni me pertenece; el goce será: el goce de las diferencias.
Si nada altera mi razón, si todo es igual, si ningún latido es diferente, si mi pulso es perfecto, si mis genitales mueren a causa de la quietud, no caben dudas, estamos en presencia de un idiota. Lo aconsejable, armar las maletas y partir. Siempre es mejor partir en la búsqueda de nuevos dioses, que morir entre las ruinas de los templos de un dios que se desploma. Huir no siempre es la orden, sabemos que en medio de las catástrofes se encuentran las almas más puras, nuestras almas fueron encontradas en medio de las catástrofes.

lunes 19 de octubre de 2009

Aforismo y dibujo de Miguel Oscar Menassa






1545_ Perdurar, todo se fundamenta en perdurar. Un hombre es, si lo consigue expresar, durante siglos.














D 2077


sábado 17 de octubre de 2009

"La poesía también es económica, sin necesidad de ser loca o burguesa". (M.O.M.)


D1211 (MOM)

sábado 10 de octubre de 2009

"Cuando se renuncia, hay que saberlo, se renuncia a nada." (Miguel Oscar Menassa)


Dibujo 1498 (MOM)

viernes 11 de septiembre de 2009

INTENTO AUTOBIOGRÁFICO NÚMERO OCHENTA



Escribir es difícil,

releo infinitas veces las 17 páginas anteriores, no puedo darme cuenta quién escribió esas 17 páginas. Ni de quién fue la diabólica idea de juntar en tan pocas páginas tantos personajes. Casi un desafío a la locura. Una idea clara y precisa, demasiado grande para mi cuerpo. Y yo tengo mis vicios: quiero ser escritor, es decir, que todavía no comparto nada con nadie.

Pienso ahora que Catín está muy agrandada, don Cristóbal poco desarrollado, don Miguel demasiado irreal, las otras mujeres en general poco desarrolladas. Y se ve además que no hay un claro proyecto de dónde se quiere llegar.

Algunos locos y varias putas, todo mezclado, no debe alcanzar me imagino, para escribir una novela. Y, sin embargo, y a pesar que todos los personajes están casi muertos, quiero seguir, quiero saber algo más de ellos, me intrigan. ¿Dónde estarán? que ninguno viene a contarme nada, en qué lugar de mi cabeza o de mi cuerpo tengo que buscarlos.

O simplemente se trata de llegar al punto de la multiplicación infinita, ser todos, vivir la vida de todos, contarme a mí mismo. Si quiero escribir acerca del deseo de todos, tendré que ser el deseo de todos. Igual que cuando trabajaba de psicoanalista. Una especie de desafío contra la locura, contra el hambre.

El psicoanálisis posibilita cierto tipo de ilusiones. La escritura siempre te deja solo.

Con los pacientes que se curan, sufren menos o se adaptan, el psicoanalista va llenando su vida. Y el escritor, ¿con qué va llenando su vida? ¿con qué?

Acaso, con el aplauso o la indiferencia. Acaso con la maravillosa insistencia vaginal, de quiero tener al lado mío un hombre famoso. Yo preferiría que se acabaran las bromas. Ocho o diez horas diarias escribiendo a máquina, da lo mismo si es para la gran novela de fin de siglo, o para lamerle el culo a los banqueros. La espalda duele igual.

Lipuskia no estaba tan contenta como al iniciar la lectura del material que yo había conseguido del futuro cercano, estaba como decepcionada. Pero también estaba contenta, porque lo habíamos conseguido, pero con más intensidad, estaba decepcionada por lo que yo había encontrado en el futuro cercano treinta años después, tanto que permaneció veintitrés horas sin mirarme a los ojos, casi se muere.

sábado 15 de agosto de 2009

INTENTO AUTOBIOGRÁFICO NÚMERO SETENTA Y NUEVE



Ella, Diana había cometido un error. Desde el día que había comenzado su psicoanálisis didáctico obligatorio, por consejo de don Miguel, con el doctor Si, no hubo un solo día que Diana no hablara a Catín de lo maravilloso que era el doctor Si. Diana después aprendería con don Cristóbal que el padre es sólo la palabra de la madre.

Catín escapó.

Y desnuda aquella vez ¿recuerdan? sentada en el mostrador del bar gritando: Yo quiero que venga el doctor de mi amiga Diana. El doctor que te enseña a hablar.



Dibujo 1030 (MOM)


viernes 17 de julio de 2009


DECADENCIAS IMPERIALES

No era el sol esta mañana iluminando el alto de las casas

con esa luz blanco abismal de día nuevo,

provocador de desafíos.

Era una fiera sin astucias, brutal, mordiéndose los dientes,

falsario mariscal de cínica sonrisa rompiendo y usurpando

la historia del hombre y su esperanza.

Tambor de muerte dispersando ecos inmóviles de silencio,

cuando rotarios de la infamia avanzaban

sobre los pueblos yacientes en las calles sin dar creencia

a sueños de derrumbes, mutilación de las culturas,

Bagdad, Beirut, mis padres, mis hermanos convertidos

en polvo de historias sucumbidas,

sin el precio alentador de la venganza.


NORMA MENASSA